La selectividad alimentaria se produce cuando existe un rechazo persistente tras repetidas exposiciones a alimentos de cierta textura, color, sabor, olor o temperatura. Dando lugar a una limitación de la dieta a 10 o 15 alimentos.

La selectividad alimentaria o aversión sensorial a los alimentos no está relacionada con experiencias traumáticas ni tiene su origen en causas orgánicas. A continuación, detallamos las situaciones más habituales:

  • El inicio tiene lugar en un momento en el que se introduce en la dieta un nuevo tipo alimento, como por ejemplo el paso de papillas a sólidos.
  • El rechazo constante de texturas, colores, sabores u olores.
  • Las reacciones pueden ser arcadas, muecas, escupir, girar la cabeza, etc…
  • La negación a probar alimentos nuevos.
  • La fijación con el tipo de comida, que debe ser cocinada de la misma forma o de una marca exclusiva.
  • La variedad de alimentos que comía se ve reducida. Por ejemplo, antes su dieta se basaba en cinco alimentos y ahora se ha reducido a cuatro.

Cabe recordar que la alimentación es una actividad necesaria para la supervivencia de todas las personas, pero que también tiene una gran carga cultural, por lo que está estrechamente ligada a la socialización, el establecimiento de rutinas o los estilos de vida. Así que para poder alimentarse de forma óptima es necesario adquirir habilidades motoras, cognitivas y sensoriales.

Por otra parte, la integración sensorial es el proceso mediante el cual recibimos y organizamos toda la información procedente de nuestro entorno y de nuestro cuerpo. Por ello, si no podemos percibir y organizar de forma correcta esta información, puede producirse una respuesta inadecuada a esos estímulos. Esto, a su vez, repercutirá en el estado de alerta, atención y capacidad de gestionar nuestro comportamiento.

Debido a la estrecha relación que existe entre la alimentación y la integración sensorial, es necesario incorporar esta última en la intervención terapéutica en niños y niñas que experimentan un trastorno de selectividad alimentaria.

Sigue leyendo para descubrir más sobre el vínculo que une la alimentación y la integración sensorial.

¿Qué relación existe entre la alimentación y la integración sensorial?

La alimentación es un proceso muy complejo, que implica grandes desafíos para nuestros sentidos, especialmente durante el desarrollo infantil. En esta etapa, desarrollamos nuestro sentido del tacto explorando todo lo que nos rodea: estableciendo contacto, presión, notando vibraciones, texturas, etc. Las dificultades en este desarrollo pueden dar lugar a dos posibles situaciones:

Hipersensibilidad: se produce cuando recibimos la información de forma alterada y generamos una respuesta no adaptativa. Además de rechazo a los alimentos, podemos observar sensación de miedo ante estímulos en la zona oral, como por ejemplo rechazo al cepillado de dientes…

Hiposensibilidad: la dificultad se encuentra en la capacidad para registrar los estímulos táctiles orales. En este caso podemos observar que introduce grandes cantidades de alimentos en la boca y en ocasiones no es consciente de estar manchado o puede tomar los alimentos muy calientes.

El sistema propioceptivo es el encargado de darnos información sobre la posición de nuestros de nuestros músculos y articulaciones. En definitiva, de nuestro cuerpo respecto al entorno. Este sistema nos permite adaptar nuestros movimientos, nuestra fuerza o presión dependiendo de las demandas del entorno. Cuando hay dificultades relativas a estos aspectos, podemos observar que abrimos la boca mucho más de lo necesario o mucho menos en relación con la cantidad de comida. Además, introducimos mucha cantidad de comida para poder masticar mejor, tragamos tras masticar poco al no mover de forma eficaz el bolo alimenticio.

El sistema vestibular nos informa sobre la posición de nuestro cuerpo respecto al entorno. En este caso, el procesamiento incorrecto de la postura corporal influye de forma muy importante en la respiración y una correcta deglución.

Charla-taller sobre selectividad alimentaria

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