Queridos Reyes Magos,

Mi nombre es Alberto. Dicen mis padres y mi profe que este año me vais a traer carbón porque no he sido un niño bueno, que siempre molesto a los demás y que nunca hago caso.

Quiero que sepáis que me esfuerzo todo lo que puedo para hacer lo que quieren los mayores, aunque a veces no lo entienda muy bien. Intento estar sentado o quieto el máximo tiempo posible, pero me cuesta mucho porque mi cuerpo me pide moverme todo el tiempo.

Cuando estoy haciendo una ficha, intento mirarla todo el rato pero siempre hay otras cosas que captan mi atención y me olvido de hacerlas. Entonces la profe se enfada conmigo y yo me disgusto.

Por mucho que lo intento, solo consigo puntos rojos en el cole, así que cuando llego a casa, mis padres se enfadan y me castigan. Dicen que no puedo ser tan malo, que me tengo que portar bien y me hacen prometer que obedeceré a la profesora sin protestar. Yo lo prometo, convencido de que lo conseguiré, porque no quiero que mis padres estén siempre enfadados conmigo, pero al día siguiente sigo sin poder hacer lo que me piden y eso a veces me hace enfadar y gritar.

Quizás todos los adultos tengan razón y sea un niño malo que hace enfadar a la gente. Quizás siempre tendré carbón…

Por eso este año me gustaría pediros que cambiarais mis puntos rojos por puntos verdes, los castigos por más tiempo para jugar, que me ayudarais a estar quieto y a hacer mis fichas, para que mis padres no se enfadasen tanto y pasen más tiempo conmigo.

Esta carta no la ha escrito ningún niño llamado Alberto, pero refleja el sentir y la impotencia de muchos niños que no se comportan como los adultos esperamos. Esos a los que erróneamente llamamos “ niños malos”

Los niños malos no existen, los niños son personas maravillosas con fortalezas y dificultades, que solo con la ayuda que de sus súper héroes favoritos, los padres, conseguirán superar.

Para ello son fundamentales dos cosas: recordarle al pequeño cada día lo maravilloso que es,hablarle de todo lo que sabe hacer bien en lugar de señalarle todo el tiempo lo mal que se porta y disfrutar haciendo cosas con él.

No desconfiemos pues de la naturaleza buena del niño, aunque a veces haga cosas que no están del todo bien o que no nos gustan y ayudémosle cuando se equivoca.